Archive for abril 2015

Machismo, desnudos artísticos, bailarinas Gogo y una chica borracha




    Machismo, desnudos artísticos, bailarinas Gogo y una chica borracha




Yo, no les miento, quería hablarles hoy sobre algo interesante, pero luego la noche se hizo confusa, pues mis hermanitas neozelandesas se colaron en mi habitación y no salieron – al menos una de ellas – hasta las dos de la mañana.
Todo empezó por un simple saludo, ya que he estado enferma y las chicas vienen de vez en cuando y se preocupan por mí, cosa rara en casi todos lados, excepto aquí. Entonces, tocan a la puerta, aparecen y se sientan con un  montón de Purple Goanna (es decir, alcohol) para pasar la noche. Inicio tranquilo. No más que conversaciones en torno a la vida y las condiciones precarias en las cuales se encuentra nuestra casa. Todo en un ambiente muy equilibrado: mi esposo escribe un mail a su amigo Takahiro (¿recuerdan a Takahiro, el del post de los pingüinos?), una de mis chicas neozelandesas, sentada cómodamente en medio de la cama con su vaso de alcohol, mi otra chica, sentada en una silla, luciendo unas pants de Hello Kitty, y yo, en un extremo, acabada de duchar y  a medio vestir, secándome el cabello. No sé en qué momento el inocente Purple Goanna empezó a hacer efecto, que todos comenzamos a hablar de asuntos más serios (todos excepto mi esposo, que continuaba escribiendo su mail). Sin más, iniciamos una conversación sobre posibles trabajos para mí. Trabajo. Algo que necesito. Trabajo y cigarrillos,  si no es mucho pedir…
Entonces, una de mis chicas, esa que pinta como una diosa, me recomendó algún que otro trabajo “under the table”. Consistía en lo siguiente: posar desnuda para academias de artes plásticas. Yo, en principio, no tuve ningún problema en hacerlo delante de un grupo de personas (siempre apoyaré cualquier iniciativa artística), y cuando especificó que podrían pagar entre setenta y doscientos dólares por sesión, pues menos inconvenientes tuve para aceptar un trabajo de esa índole, donde se mezclan arte, erotismo y re-conocimiento del cuerpo. No estaba mal…  Y ya andaba yo toda contenta por esta oportunidad, cuando mi esposo y una de mis chicas  - la misma que había recomendado el trabajo -   dicen que eso no es un trabajo, que eso es exponer ante todos lo más preciado que tiene uno: la desnudez. Que no estaba bien. Yo, en ese instante, tuve que recordarle a cada uno, que tengo un blog donde escribo sobre lo que me ocurre a menudo y que más violación a la privacidad que ésa, no existe. Así que posar desnuda, delante de un grupo de hombres y mujeres, no era gran cosa, pues ¿qué es más íntimo que los pensamientos, los cuales salen publicados aquí? Entonces comenzaron los comentarios machistas en torno al respeto al cuerpo, a la intimidad y a mi reputación futura como escritora, cosa que me parece soberanamente hipócrita, pues la reputación hoy en día consiste en  abrirse, en prostituirse, en ser comercial y además, escribir sobre pornografía, algo que no critico para nada, todo lo contrario, lo apoyo totalmente (excepto a las personas pseudointelentuales que se pseudovenden y escriben historias pseudopornográficas, claro está). En tanto una de mis chicas y mi esposo, discutían sobre la moral (y por momentos escuché citar a Rousseau y a Sade) yo me entretuve en buscar más información con respecto a ese tipo de trabajos "under the table" aquí, en Nueva Zelanda, uno de los países menos culturales que conozco. ¿Y qué encontré? Pues otro, igual MUY artístico: bailarina GOGO en un club. CERO prostitución – aclaraban. CERO bailar desnuda - volvían a aclarar-. Sólo danzar en la pista, rememorando algún que otro ditirambo dionisíaco. La paga, excelente: mínimo trescientos dólares la noche más propinas. A mí me pareció más que entretenida esa idea. Sólo bailar encerrada en un tubo de neón, sin mostrar mis partes pudendas, esas partes íntimas, intimísimas, intimisísimas, lo más sagrado, según mi esposo y una de mis chicas, no estaba mal. Y cometí el gravísimo error de comentarlo en alta voz.
Ya el Purple Goanna había llegado al máximo de su apogeo. Una de mis hermanitas neozelandesas ya se había marchado, la otra (promotora de todo este debate) yacía aún en la silla, totalmente alcoholizada y mi esposo había cambiado la tónica de su correo sobre problemas lógicos, para preguntarle a Takahiro si era correcto o no tener una  esposa que posara desnuda delante de artistas o bailara en un club, siendo esta esposa, para colmo, filósofa y escritora.
Entonces envió el mail.
Y todos esperamos callados la respuesta – como si la respuesta de un asiático significara algo para mí -. Pasamos treinta minutos en completo silencio: mi esposo revisando el mail cada tres minutos, mi chica, borracha sobre la silla, esa silla que no había sido abandonada durante horas, y yo, en cama, a medio vestir, entusiasmada por esta oportunidad de trabajo tan interesante, en un lugar como Dunedin, donde es imposible encontrar algo. Entonces, sonó el ordenador: la respuesta del bendito chino de los pingüinos. Mi esposo y una de mis chicas transpiraban por ver la respuesta – y repito, como si eso me importara -.  Entonces, abrimos el correo y encontramos casi que una sola frase: “Amigo, tu esposa está equivocada desde el día que decidió escribir y estudiar filosofía. Las mujeres no son para eso. Así que en estos momentos, todo da igual con ella”. Esto, una vez más, reafirma mi punto de que tener a un chino detrás es lo peor que le puede pasar a una (da lo mismo de qué parte de Asia sea).
De más está decir que mi insulto como mujer
y escritora
y filósofa (o al menos graduada de eso)
y posible bailarina Gogo
o modelo de artistas plásticos 
no pudo ser peor. Si hay algo que detesto es ese machismo doctrinal y de mal gusto y lo detesto aún más si viene por parte de un japonés el cual carga en su espalda, una piedra tan grande como la de Sísifo, llamada HENTAI o EROANIME… Suficiente para que mi humor cambiara, pues ahora el argumento de mi esposo se encontraba como la dialéctica hegeliana: entre apoyar y no apoyar y al final llegar a una síntesis de "te apoyo con la idea de que seas o bailarina Gogo o que poses para artistas y a su vez, no te apoyo en nada". Entonces yo intenté que aclarara su argumento, pero él solo dilataba y dilataba una serie de ideas inconexas, que podía apreciar que no eran dignas de un lógico matemático, sino de un lógico matemático influenciado por un asiático retrógrada. Entonces comenzamos a gritarnos todos. Así, sin más. Como personalmente, ya estaba cansada de toda esta idiotez, decidí responder a la oferta de trabajo como bailarina en el club. Y luego d rellenar el formulario y mandarlo, recibimos casi automáticamente una respuesta: “Sólo aceptamos en este club, chicas de entre 15 y 19 años”. Eso impactó mucho a mi esposo. Una de mis chicas (la que quedaba) comenzó a vomitar por causa de la borrachera, las citas de Rousseau, Sade y la respuesta, bastante pedófila, dada por el club. Yo, la verdad, lo único que hice fue aguantarle el cabello, mientras vomitaba en un cubo. El vómito acabó. Con trabajo, la llevé a la cama y se durmió junto a sus gatos. Recogí las latas de alcohol del suelo, consolé a mi esposo, que aún se reprimía por no tener un argumento definido y de paso decidí sacar algunas conlusiones, cosa que no puedo evitar hacer: 1- No entiendo la diferencia entre escribir libros, posar desnuda para artistas y bailar en un club. Para mí todo es: o arte, si se hace con ganas, o prostitución, si se hace sin amor y únicamente por dinero. Y cualquiera de las dos opciones, para mí es válida. 2- Mi hermana neozelandesa no puede tomar tanto Purple Goanna. 3-  Detesto los estereotipos, las convenciones sociales y el machismo doctrinal. 4-  No entiendo la facultad que tiene este japonés para molestarme. Ojalá se entere de que su hermana menor trabaja en un club de ese tipo. Y aclaro, me parece repugnante que una chica de quince años esté haciendo eso, pero es que realmente no me simpatiza Takahiro…
¡Y ya, que muero de cansancio!

En fin, gracias por leerme.





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Gracias a Stromae, supe que Twitter estaba ahí



Gracias a Stromae, supe que Twitter estaba ahí 



Abrí el ojo izquierdo y luego el derecho.
Miré por la ventana. El cielo azul. El pajarillo de las mañanas hacía el pirripipi habitual. Entonces tomé el teléfono. Lo saludé ¡¡Buenos días, teléfono!! Y me tomé una foto. Y me tomé otra. Y otra. Y fui al programa de edición. Y las edité. Y formé un collage - lindísimo mi collage -. Y pasé directo a abrir Instagram. Entonces no abrió.

Prends garde  toi…

Me inquieté. Pero no pensé que nada malo ocurriese. Simplemente asumí que mi falta de destreza con la tecnología, había provocado que apretara algo y que lo hubiese desconfigurado. Entonces decidí  preguntar a mi amiga, en Barcelona, la que entiende de esas cosas y se ocupa del blog. Me levanto de la cama. Voy hacia el ordenador. Lo  enciendo. Ya está encendido. Completamente encendido. Click en el ícono de Skype. Llamar a mi amiga. Entonces no marcó.

Prends garde  toi…

Me inquieté más. Traté de llamar a otras personas. Pero nada. Me levanté de la silla. Fui, otra vez, hacia la cama. Tomé el móvil. Abrí WhatsApp. Redacté un mensaje para mi hermana, en Chile, a ver si podía ayudarme. Y tampoco funcionó.

Prends garde toi…

Corrí las cortinas por completo y confirmé que el  cielo continuaba azul. Me tomé otra foto. Sonreí forzosamente. Quería que todos me vieran con ese lindo azul, azul, cielo azul.  Y abrí Facebook. Allí colgaría la foto. Allí contactaría a mi amiga y a mi hermana y los amigos de mi amiga y a los amigos de mi hermana. Y ya, todo estaría resuelto. Pero Facebook tampoco abrió.

Prends garde toi…

Comencé a tener problemas para respirar. Y la falta de oxígeno se hizo peor, cuando quise abrir Twitter para escribir algo. Pedir ayuda a mis amigos. A mis quinientos veintisiete amigos – sé que son pocos, poquísimos, pero ya tendré más, muchos más, ¡lo juro! – Pero no pude. Ni siquiera cargó la página.

Prends garde toi…

Me levanté una vez más. Caminé por toda la habitación. Prendí un cigarro. Fumé. Prendí otro. Intenté con gmail. ¡Claro, un correo electrónico! Podría escribir a mi amiga en Barcelona, a mi hermana, a mi esposo, a la Universidad. Y si nadie respondía, podría escribir a mi madre, en Cuba, para que ella llamara a mi hermana mayor y luego mi hermana mayor llamara rápidamente a mi otra hermana y le dijera que tenía problemas de comunicación con ellas y que entonces mi hermana le explicara a mi otra hermana que luego le explicara a mi madre y que mi madre me explicara  a mí por e-mail, cómo solucionar mi problema. Ya. Todo rápido y solucionado. Pero tampoco pude abrir mi correo electrónico.

Prends garde toi….

Entonces pensé en el blog, en mi pequeño e insipiente blog, pero igual, quién sabe, alguien lo leía y podía contactarme, o contactar a mi hermana, o a mi otra hermana, o  a mi amiga en Barcelona, o a mi madre… no sé… algo…  Fui a Google. Click en El gato de Monique. Nueva entrada. Texto: AYUDA, NECESITO AYUDA. Y el ordenador se apagó.

Prends garde toi…

Busqué el cargador. No funcionaba. Tomé mi teléfono. Intenté ir a Google nuevamente. Pero ahora no tenía ni Internet. El cielo se partió en dos. Y empezó a ser gris y gris y gris. Y la humedad aumentó. Y la temperatura bajó.  Mucho. No pude respirar. Estaba sola. Solísima. Podía escuchar la risa de las chicas conversado en el salón de la casa. Podía escuchar el ruido de la mezcladora. Podía oler el café. Pero, ¿de qué servía que estuvieran? Estaba sola. Y nadie podía ayudarme. Sola, solísima. Sin oxígeno, con humedad y un frío que me calcinaba. Entonces comencé a perderme. Lentamente fui dejando de verlo todo. Caí al suelo. Quería gritar pero, ¿para qué? Nadie podría ayudarme. Las personas en el salón no podrían hacer nada pues, aunque quisieran, yo iba a continuar sola, solísima, en este mundo hostil. Y empecé a morir. A dejar de existir. Lentamente. Sola. El fin. Mi fin.
Entonces sentí allá, a lo lejos, un área de la ópera “Carmen”. Apenas podía escuchar la música, pero algo había…
Y desperté. ¡Era una tonta pesadilla! ¡Qué susto!

Prends garde  toi…

Y vi que el cielo continuaba azul. Me levanté. Fui directo al salón y comprobé que las chicas no estaban. Que como siempre, cada una andaba en su habitación, frente al ordenador, sin hacer nada más. ¡Dios, qué alivio; todo continuaba como siempre, perfecto! Me serví un tazón de café. Me tomé una foto con el cielo azul, azul cielo azul. Y abrí Instagram. Y abrió. Y luego abrí Skype. Y abrió. Y WhatsApp, y  Viber, y  Twitter, y  gmail y el blog, mi querido blog. Y, entre el café, el cielo azul y todas estas páginas, encontré el video del belga Stromae: “Carmen”, y a él montado sobre el pajarillo azul de Twitter. Y me tranquilicé al ver que yo también ya estaba encima de ese pajarillo. Y que estaba muy feliz de estar encima, y de que me aplastara, y de que me tragara completa y de que me absorbiera, por siempre y para siempre, hasta que la muerte nos separe. Porque es preferible volar sobre un pajarillo azul, que estar en un lugar donde lo único que te acompaña es uno que trina y trina y trina estúpidamente. Pero nada más. Eso a nadie le importa. Ya nadie existe donde los pájaros se escuchan.
¿O sí?

En fin, gracias por leerme.

 Y aquí les dejo el video de Stromae, el que me hizo “tan” feliz:


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