Archive for septiembre 2015

La baba por Merleau- Ponty





Habitualmente escribo mi post sentada dentro de mi habitación, fumando un cigarrito deliciosos, escuchando la música que me escogió para expresarse (la música me escoge a mí, jamás yo a ella) y así, en un ambiente que considero bello y de paz – tormentosa conmigo misma, redacto cada una de las ideas “interesantísimas” que plasmo aquí.
Pero hoy ha sido diferente. . Hoy estoy sentada en un estrecho salón de conferencias, escuchando una sobre Merleau- Ponty (filósofo francés que no me interesa, la verdad), impartida por alguien que, a pesar de parecer un amor, no me la hace fácil. La conferencia, digo. Y es que, hay algo de ella que me llama la atención: su boca. Si normalmente, me resulta imposible concentrarme cuando algo no me llama la atención (aclaro, que no me llama la atención a mí, lo que no significa que no interese a  los demás; pero es normal: yo soy un gato),  entonces, si normalmente me cuesta concentrarme en cuestiones que no me llaman mucho la atención, mi vida se vuelve un infierno cuando, en medio de ese caos, encuentro algo que me provoque risa. Algo que me acapare, me acelere por dentro y no me pueda controlar. Y en esa situación me encuentro ahora mismo. Esta profesora habla y habla. Y cada vez que menciona a Merleau- Ponty,  los bordes de la boca se le llenan de saliva blanca, espumosa, con forma. Y ahí se le queda un rato. Luego desparece, hasta que repite el nombre y vuelve a salir. ¡Ahora mismo ocurrió! Ya veo la baba, la saliva espesa.
Aunque no lo crean, he pasado por varias etapas con respecto a esto. La primera: risa. Y más cuando mi amiga, sentada justo a mi lado, igual se controla porque también lo ha notado. La segunda: curiosidad. Curiosidad por la baba. La baba increíblemente espesa y que sólo sale y se acrecienta cuando menciona a Merleau - Ponty. Yo creo que una característica de todos aquellos que veneran a alguien, es esa, de entrar en un estado parecido, que yo lo asocio  con los orgasmos. Entonces supongo que, ella, especialista   en este filósofo, cuando le piensa, pues le sale la baba, espesa, viscosa, espumosa y se le queda así, en la comisura de la boca, porque que es la manifestación física de lo que siente. La tercera: miedo. Porque ya parecen colmillos. Que aparecen y desaparecen. Y temo que se me acerque, repitiendo el nombre de Merleau - Ponty, Merleau- Ponty, Merleau - Ponty. Y la viscosidad blanca salga y salga hasta inundarme a mí, de ese orgasmo salival.
Y es que el amor es así. Desbordado. Siempre. De otra forma no puede ser… y cuando es fuerte, llega hasta los demás.
Por suerte está lloviendo. Mucho. Ahora.
Y si la cosa se torna extrema, si lo de la baba llega a inundarme, mancharme el escote, podré salir, limpiarme con la lluvia. Y quedar muy limpia. La lluvia es pura.

En fin, gracias por leerme.

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MIEDO

                                Artwork: Kyle Thompson



Yo vivo con miedo. Me levanto con miedo. Me acuesto con miedo. Cada vez que pongo un pie fuera de casa, le rezo a las once mil vírgenes para que no me ocurra nada. Pero incluso, durmiendo, tengo miedo. Porque me duermo pensando y pensando, el santo día me la paso pensando. Y lo siento como onda expansiva. El miedo. Empiezo por cosas muy concretas, que luego se van oscureciendo. Miedo a que una cucaracha me entre en el oído. Miedo a verme deforme. Miedo a que la puerta de mi baño se abra cuando me estoy duchando. Miedo a que entren a robar a casa. Miedo a que se me pierda la cédula de identificación. Miedo a que me asalten en la calle. Miedo a que me rapten. Miedo a no encontrar el camino a la universidad. Miedo a no encontrar el de regreso. Miedo a que revienten una bomba en el medio del Zócalo. Miedo a que me dé un ataque alérgico. Miedo a que me escriban, contándome que le pasó algo a mi familia. Miedo a que intente abrir un pdf, con un libro que deba leer urgentemente, y no lo logre. Miedo a que se me rompa el ordenador. Miedo a no entender a Husserl. Miedo a mal interpretar a Zambrano. Miedo a que el corrector me cambie una palabra, cuando le envío un e-mail a un profesor. Miedo a no terminar una ponencia. Miedo a no terminar la otra. Y miedo a no poder escribir reseñas. Miedo a no tener una buena idea. Miedo a que no se me ocurra nada más que escribir. Miedo a aburrirme mentalmente. Miedo a que se enreden las cosas. Miedo a dejar atrás mis adoradas superficialidades. Miedo a quedarme dormida  viendo una buena película. Miedo a volverme imbécil. Asquerosamente imbécil. Miedo a que llegue la noche y no haya hecho absolutamente nada. Miedo a que eso llegue a darme igual. Miedo a que por la ventana de mi habitación,  deje de correr aire. Y entonces comience a asfixiarme. A asfixiarme de veras. Y miedo a que en ese momento, no esté pensando en nada. Miedo a la nada. No me gusta la nada. Me gustan las cosas. Y que éstas desaparezcan, me aterra.
Y aunque yo intento serenarme, pensar positivo, sonreír, contar hasta nueve, siempre siento que tengo a un animal enfrente, que me mira con rabia, con los colmillos afuera.
El miedo es algo que no logro vomitar.

En fin, gracias por leerme.

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