Archive for noviembre 2015

Mentiras y más mentiras. Y un lobo.




 
Yo soy una mentirosa empedernida. Me encanta mentir. Me fascina. Me apasiona. Porque para mí mentir, no es malo. Mentir es simplemente, vivir en una realidad alternativa, diferente a la de la verdad. Y diferente no puede significar malo. Porque todos somos diferentes y entonces todos seríamos malos – respetando los silogismos aristotélicos.

Pensaba en esto porque ayer leía un libro extremadamente malo (y no por eso mentiroso), y me encontré con el poema del niño que anuncia, sólo por molestar a los del pueblo,  que viene el lobo, que viene el lobo, y el pueblo entero se moviliza. Entonces el día que viene el lobo de veras, nadie le cree y el animalito se come al niño. Yo soy también de esas que dice que se viene el lobo, que se viene, pero el lobo nunca se viene sobre mí. Lobo malo, que no le gusto para comerme…

Muchos me molesta y vienen a hacerme historias al estilo fábulas de Esopo, a ver si se me quita esta manía de “mentir”. Y me dicen que no es correcto. Y me dicen que las mentiras tienen patas cortas. Incluso hay quien me dice que como soy petite y tengo patas cortas, y la mentira tiene patas cortas, pues que me descubrirán. ¡Por mentirosa! (me lo dicen así, con ciña).  Pero nunca ocurre eso. Que me "descubran”. No ocurre porque, como siempre les digo a ellos y a ustedes, esta tarde nublada de domingo, yo no miento. Yo simplemente enriquezco, cambio y juego con la realidad. De otra manera sería muy aburrido todo. Tanto mi vida, como la de los demás. Y no digo que mis variaciones hagan las cosas más entretenidas. A lo mejor son igual de banales y monótonas, pero siempre enriquecen.

Mi otro argumento, en contra de la falacia del mentiroso, es que una mentira es una mentira cuando no la crees. ¿Pero qué pasa cuando incluso quien la dice la asimila? Eso me ocurre a mí. Yo ya no sé, en mi vida, cuáles son los elementos que la “enriquecieron” y los “reales”. En serio no lo sé, porque lo hago tanto que ya todo es parte de mí. Eso le decía al lobo de ayer, que también me llamó mentirosa porque voy por ahí diciendo que él es real. Ese, el lobo que se comió al niño y que no se vino encima de mí (qué lobo más malo, les repito). Entonces, a pesar de lo que digan todos, yo soy feliz así. O no soy feliz, también ando angustiada casi todos los días, pero esa angustia, puedo decir, que es una angustia enriquecida.

Lo malo de todo esto es que, a pesar de que yo entiendo cómo funcionan las mentiras conmigo, desgraciadamente no entiendo cómo funcionan con los demás. Y las detesto. Las detesto enormemente. Las mentiras, la falta de verdad, la incredulidad. Y cuando escucho que alguien mintió, ahí voy sobre esa persona y le digo mentiroso, y me mofo de él. Y si viene al caso, lo humillo delante de otros, para que vea lo que da estar mintiendo por ahí. Y le recomiendo fábulas y libros, donde el mentiroso acaba mal, acaba rechazado por la sociedad,  acaba siendo una burla (porque el mentiroso descubierto, es siempre objeto de burla).  ¡Escupimos tu rostro tres veces, mentiroso!

Quizás puede sonar hipócrita todo esto. O al menos eso dicen los que me conocen. Eso también me dice el lobo, o los lobos, que nunca se han venido sobre mí.

Lo único que puedo escribir a mi favor es que a mí me sale bien. Me sale bien con estrellitas y un pony rosado. Nada más. Supongo que eso suele ocurrirle a los gatos. Y a la gente que se llama Monique. Y es que no podemos vivir sin inventar historias. No podemos vivir sin gritar que viene el lobo.

En fin, gracias por leerme

 

 

 

 

 

 

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Sobre los atentados en París. Sobre los linchados en México. Sobre Dios. Sobre Julian Assange y sobre Kusturica. ¡Feliz martes!


Yo no quería escribir esta semana, debido a que todos hablan y hablan de los atentados en París. Y todos sufren por París. Y todos temen por París. Y todos aman París. Paris con macaron y profiterol.  También hablan de los pobres sirios. Y entonces, hay otro grupo que ahora,  teme por los sirios. Y sufre por los sirios. Y ama a los sirios. Eso sí, aún no se ha habilitado en Facebook la app para matizar tu foto de perfil con la bandera de Siria. Es que la pena por Siria, la expresamos en nuestro interior, en la privacidad de nuestro sensible, humano y caritativo corazón. Y el sentimiento por París, bueno, ese sí lo mostramos en la redes, en el exterior. Porque, obviamente, sentir por parís es chic. Lo curioso es que hace tres semanas, en un pueblito cercano a donde vivo, lincharon y quemaron vivos a dos encuestadores porque pensaban que eran roba niños. Y lo más curioso es que no fue el gobierno, no fueron los opositores, fue el mismísimo pueblo, pueblo desconfiado del extranjero, del desconocido, del gobierno, de las leyes, de la vida, y es por ello que toman las decisiones más radicales, afecten a quien afecten y tengan las consecuencias que tengan. Porque lo importante es que ellos, dentro de la comunidad, estén bien. Historias como éstas, terriblemente fascinantes para mí, porque van a la génesis del comportamiento humano, suceden todos los días en México y seguramente en un montón de lugares. Pero, como no hay bombas por medio y esas cositas súper chulas y tecnológicas para criticar en Facebook, como aquí solo hay fuego, gasolina, un pinche mexicano cogiendo candela y música de banda de fondo, obviamente, no clasifica para banderita de fondo en la foto de perfil, no para que nuestro corazón en la intimidad, sufra. ¡Que no es chic, ni hipster, la verdad! Y nada, olvidémonos de los linchados y los quemados, que no son realmente importantes…
Continúo
Como todos estaban sufriendo mucho (al menos en las redes), incluida yo, que tengo amigos importantes por toda la France (mi sufrimiento Chic), no quería arruinar el ambiente en las redes (al menos el ambiente de mi muro, que ahora todos me comparten tópicos sobre el tema), con mis profundísimas reflexiones dominicales, que afectan tanto a todo aquel que las lee. Es por ello que no escribí este domingo, por respeto a todo aquel que se vio afectado por los atentados…. Pero ya escribo hoy, porque el martes es un día cualquiera, así que está exonerado de rendir luto, o lo que sea… Y es que me siento mal si no escribo el post. Siento que mi integridad y mis principios morales se ven afectados, además que me desespera que me escriban preguntándome por qué no escribí. En serio, me desespera.
Tampoco podía evitar escribir  porque he pasado varios días reflexionando sobre algo muy importante para mí y que terminó en una pequeña discusión con mi esposo. Supongo, que ya es notorio que yo tengo cierta predilección por los temas bíblicos. Y por Dios. Porque Dios es pop. Y es mi amigo. Debido a mi delirio divino, siempre soñé con encontrar a la manifestación física y espiritual de mi amigo Dios súper pop, en el siglo XXI. Y el viernes pasado, montada en un autobús, del DF a mi casa, tuve la revelación.  Para mí, la manifestación de Dios en el siglo XXI es: Julian Assange. ¿A que acerté? Entonces vengo yo, a comentar mis reflexiones a mis amigos y ellos lo que hicieron fue burlarse de mí. No entiendo por qué. Siempre se ríen. Tengo un payaso dibujado en la mente. Y es que la vida de Assange ha sido como la vida de Dios: de estrella súper pop en el mundo que para nosotros es real ahora: el ciber mundo. Luce como Dios: con su melena larga  y rubia platino, porque su mirada es imperativa, porque decidió qué se dice y qué no se dice, porque quiere tomar represalia contra lo mal hecho, porque viene de Australia ( y obviamente, Dios tiene que venir de países como Australia o Nueva Zelanda), porque la sociedad lo adora, porque luego empezó a pedir que la gente se sacrificara por él, porque, incluso, en el declive de su éxito pop, seguimos adorándolo sin saber ya por qué, porque no sabemos dónde está y aun así se manifiesta y también, porque han hecho de su imagen, un negocio redondísimo. ¿Díganme si estoy equivocada? ¡Y es que hasta baila como bailaría Dios! Pero a mí nadie me hace caso. Y me sentía muy triste por esa omisión de mi prodigiosa mente por parte de la gente. Por eso me puse a platicar con el único que me hace caso. Y ¿qué fue lo que me dijo? Que yo estaba equivocada. Que en todo caso, si existe una representación física de Dios en el XXI, obviamente, sería Morgan Freeman. Yo, la verdad, no entiendo qué le pasa a mi esposo por la cabeza. Pura bobería hollywoodense.  Su argumento es que Dios es una voz y Morgan Freeman también es una voz. Argumento simple para algo de tal envergadura. Y por mucho que le dije que Freeman no luce como Dios, es decir, como una estrella pop, a él no le importó. Luego se lo comento a uno de mis roomies y ¡está de acuerdo con mi esposo! Claro, porque mi roomie no conoce a Julian Assange, ese es el problema y por mucho que quise contarle, pues se negó, y se quedó con la idea de que Morgan Freeman es mejor para ser Dios, que Assange. Yo decidí no discutir más con ellos, porque es en vano, yo, en la privacidad de mi corazón lo siento así. De hecho, me gustaría que la app de banderita de fondo de la foto de perfil, fuera una foto de ese hacker australiano. Pero, volvemos al asunto del principio. Al parecer Assange no es lo suficientemente chic. En fin, no sé. El punto es que esta reflexión me ha afectado mucho y espero que todos aquellos afectados por Paris, por Siria y todo el Medio Oriente, comprendan mi sufrimiento (sufrimiento sin bombas, pero sufrimiento al fin).
Y sobre Kusturica, lo que pasa es que vivo fascinada por la música de los Balcanes y he escrito todo esto escuchando el soundtrack de Arizona Dream. Eso es otra cosa, a nadie le importa qué ocurre en los Balcanes, tampoco hay banderita de fondo para ellos.
Y nada, esto es todo lo que tengo que contar. Esperemos que no haya más atentados, al menos esta semana, y que no quemen a más nadie, y que no se mueran de hambre tantos niños, que entiendan por qué Assange es Dios y sobre todo, que acabemos de comprender, que aunque suene horrible, todos somos crueles, todos somos vengativos. Pongamos banderitas o no, demos like o no, todos somos bestias. Yo misma, soy un gato. Hay que aprender a vivir con ello. Y cuando más, expiar las culpas rezándole a Dios. A Assange, en mi caso.

En fin, gracias por leerme.

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JUNIO


Yo sigo traumada con los meses. Octubre, Noviembre, Diciembre. No me gustan y punto. También he estado pensado en Junio. No me trae particularmente, pero hoy lo he amado. Debe ser porque en Junio, cumple años una niña (quasi adolescente ya) que quiero mucho. O porque el Junio pasado, me otorgaron esta beca, para estudiar filosofía. O porque fue el mes en que me abrí un septum en el medio de la nariz. O porque estaba, en Nueva Zelanda, pasando muchísimo frío y amaba cuando ponía la calefacción y me calentaba las piernas. O porque imaginaba la humedad que seguramente había en Cuba. O porque por esas fechas, es el festival de cine francés en el Vedado (no recuerdo bien…). O porque comencé a imaginar, cómo sería ese mes aquí, en Puebla. ¿Húmedo? ¿Seco? ¿Fresco? ¿Caliente? También porque, después de Junio viene Julio y me iba a la Habana. Y tenía deseos de ir a la Habana. De ver a la Habana. De saludar a la Habana. De decirle, ¡mala amiguita, Habana!
Quizás, la realidad de mis pensamientos sobre ese mes, sea porque acabo de ver una carpeta llamada así: JUNIO. Todo en mayúscula. Y pensé en una novela que se llamase así. Y pensé en la trama. Y pensé en cuántas páginas tendría. Y pensé en el polen. Y pensé en la humedad. Pero no puedo escribir una novela ahora. Ya llevo dos. Incompletas. Además, gracias a este último Junio tengo que estudiar, para el próximo Junio, tener por lo menos hecho, el primer capítulo de mi tesis. Entonces, cero novelitas por el momento. Y nada, que me quedaba el post. Mi querido post. Mi adorado post. Mi dominical post. Mi pilimpimpético post. Mi post convertido en eso. En junio. Un Junio precioso. Quiero hoy, vivir en ese mes.


En fin, gracias por leerme. 

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