Archive for abril 2018

Quememos a una bruja



  Cuando yo era adolescente, y supe qué cosa era el suicidio, comencé a preguntarme si la muerte, el sentido de la muerte, era el mismo ante la muerte natural que ante la muerte suicida.
  Pero, con el paso del tiempo, hubo más protagonistas en mis dudas. También me empezaron a interesar los asesinados. Me pregunté, ¿acaso el asesinado, el torturado a punto ya de morir, entiende la vida de la misma manera que yo la entiendo? ¿Incluso, entiende la vida de la misma manera que antes de que lo violentasen de esa forma? ¿Pensará en una vida donde no hay oxígeno, o algo que le entre por la nariz? ¿El que está a punto de morir asesinado, está consciente de que va a morir?
  Esos temas terminaron siendo mi modo de vida, mis intereses académicos. Y la inocencia de dichas preguntas, y el deseo de saber por el mero gusto, quedó opacado por la necesidad de entender esas cosas para poder vivir.
  Actualmente, la verdad, en lo que más pienso, con esa intensidad naïve de la adolescencia, con ese gusto sin sentido, es en quemar a una bruja. No me pregunten por qué. Simplemente quiero quemar a una bruja. Sería muy bonito.
  
En fin, gracias por leerme.

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Me he enterado de dos chismes interesantes esta semana. El primero, que Bruckner dijo que en Cuba hay fascismo. El segundo es que, finalmente se resolvió el problema de los huevos en cuba; ¡ahora los venderán el polvo!




  Les cuento bien, para que entiendan la historia.
  Ayer estaba yo, muy tranquilita, leyendo un libro de filosofía posmoderna (o transmoderna, pero mejor dejémoslo en posmoderna, porque eso de la transmodernidad es para gente muy transmoderna, así como burros evolucionados, y nosotros que aún somos burros normales, no podemos entender). El tema es que, según la autora, el Tercer Mundo debe responsabilizarse por los actos genocidas y las barbaries bajo las cuales vivimos; que tenemos que dejar de culpar a Europa por todo lo que nos ha ocurrido. A la misma vez, Europa, debe dejar de autoflagelarse por el asunto de la colonización. Porque ya nosotros, los del Tercer Mundo, somos grandes y debemos concientizar nuestros errores, sin pensar en todo aquello que históricamente nos ha construido de esta manera. Lo importante es el presente, mirar el presente, pensar desde el presente; lo demás, no interesa. ¡Ya debemos crecer amigos! Para contribuir a su tesis sobre dicho asunto, cita a Bruckner que, hablando de todos los errores del Tercer Mundo, lanza una frase que amé: “el fascismo en Cuba”. ¡Qué maravilla he encontrado hoy, Dios! ¡Gracias siempre por darme motivos para que mis ojitos brillen y la lengua se me moje!
    Pero no sabía que a mi noche le deparaban aún más cosas...
  Así, chismeando (porque todo ha sido chisme), me encuentro el siguiente titular: “Ministerio de Finanzas aprueba el precio del huevo deshidratado en Cuba”. ¿¿¿¿Cómooooo???? – lancé un grito. Oye mira que pasar tantos años en Cuba con problemas con el comercio de huevos. Y ahora que ya podría comer todo el huevo que quisiera, ojo, DESHIDRATADO, ¿ya no vivo allá? ¡Qué cosas tiene la vida, carajo! – pensé. Acto seguido me fui a preparar un huevo frito. Porque cuando un cubano escucha las palabras “huevo, leche, papa, papel sanitario y pollo por pescao”, ese cubano siente cosas fuertes en su interior. A ese cubano le empieza a dar una ansiedad, un cosquilleo en la panza, una necesidad de salir corriendo a hacer una cola, con la libreta de abastecimiento en mano y una jabita, para no tener que pagar dos pesos por una… Yo les digo que ese cubano, de veras, se pone todo loco.
  Entonces, imagínense, así me puse yo cuando vi esa noticia del huevo deshidratado. Y fui corriendo a hacerme mi huevito para sentirme contenta.
  Pero algo ocurrió mientras lo hacía.
  Es que como siempre, saben que yo reflexiono mucho. Sobre cosas realmente importantes. Y también hablo con Dios, mi amigo Dios. Y Dios me ha enseñado que todo, absolutamente todo está relacionado en un sentido conspirativo.
  Me percaté de algo. Hace menos de quince días fue la semana Santa, con la muerte y resurrección de mi otro amigo Cristo y toda esa fiesta. Luego, los huevos de Pascua. Luego, leo lo del fascismo cubano, y luego que van a vender por la libre, huevos deshidratados en Cuba. ¡TODO ESO SIGNIFICA ALGO!
 Yo lo sentí así mientras vigilaba que la yema del huevo no se me pusiera dura. O sea, piénsenlo:
  Muerte de Cristo – En cuba somos fascistas
  Huevos de Pascua – Huevos deshidratados
 Pensé en la primera relación: la de Cristo – Cuba fascista. Y me pregunté, ¿de qué manera entonces, se construye la raza aria cubana? ¿A lo Vasconcelos y su Raza Cósmica? ¿A lo Nicolás Guillén y su negritud, o a lo Lezama con el criollismo cultivado y barroco?  Y ¿cuáles serían los no – arios cubanos? A mí eso me ha conflictuado mucho, porque además me pregunto: ¿Y yo, yo que soy? Bueno, un unicornio, pero ¿aparte de eso? Obvio estoy pasando por alto la idea que se tiene igual de que el fascismo podría ser cualquier movimiento político que reprima a las minorías, porque entonces el mundo entero es fascista. Hasta los pollos serían fascistas porque a los pollos muy amarillos no les gusta mezclarse con los pollos manchados. Yo hablo del ser ario, de seres superiores. No sé… no sé…. Porque al final, me parece que la historia de Cuba en los últimos años, más que un régimen fascista, más que pensamiento ario, podría asociarse a cómo el pueblo judío, mató a su “elegido”. A mi amigo Cristo lo mataron crucificándolo. Nosotros, creo que matamos a Fidel, con el poder de tantas mentes unidas, durante tantos años. Una cruz o un mausoleo… es lo mismo a la larga.
Cristo – Judíos no - amiguitos de Cristo
Fidel Castro - pueblo no – simpatizante del régimen

 La segunda relación: huevos de Pascua – Huevos Deshidratados. Creo que eso fue que Dios metió las manos por mí. Porque hace una semana, les contaba en el otro post, de cómo jamás pude yo experimentar el ritual de los huevos de Pascua en Cuba. En primer lugar, porque no es una costumbre allá. En segundo, bueno, porque la verdad, con la escasez de huevos que siempre hubo, ni loco uno puede ponerse a estar pintando huevitos ni nada de eso. Y hacerlo de papier maché… igual… por la falta de papel higiénico en algunos momentos, el papel en general es muy apreciado en Cuba, supongo. Entonces no. ¿Cuál sería, alors, la solución para ese cubano que quiere sentir y conocer el huevo de Pascua? ¡HUEVO DESHIDRATADO! ¡Y POR LA LIBRE!!! ¡¡¡Ahora sí caballero!!!! Ya con sesenta y cinco pesos cubanos, se puede armar una Pascua buenísima allá.
  Mi conclusión fue la siguiente (mientras ya lavaba los platos, porque en todo este proceso me comí el huevo): YA ESTAMOS LISTOS PARA CELEBRAR LA SEMANA SANTA EN CUBA. Los cristianos (representado por los seguidores de Fidel) pueden cargar su ataúd y representar una y otra vez su muerte y esperar a ver cuándo resucita (porque eso va a pasar…o quién sabe, ya pasó y esté encarnado en el cuerpo de su hermano). Y luego, para finalizar, se podrá esconder por los múltiples jardines o matorrales que hay en Cuba, unos pequeños huevos de Pascua, fabricados con un magnífico huevo deshidratado, que el Ministerio de Finanzas, aprobó como producto de libre venta, a sesenta y cinco pesos el kilo.
En fin, gracias por leerme.


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La semana Santa. El huevo de Pascua. Cristo con dolores musculares. Y el conejo de Monique. Resumiendo: micropost sobre la toma de conciencia.



  Por estos días, solo puedo recordar tres cosas:
  I: Cuando tomé conciencia del dolor muscular de Cristo en la Cruz. Manos atravesadas por estacas; un pie montado sobre el otro, impidiendo el movimiento de los dedos; cuello torcido; hiperextensión de los brazos.
  II: Cuando tomé conciencia de que en mi país no existían los huevos de Pascua.  Pasé un día entero buscándolos y buscándolos y jamás aparecieron para mí.
  III: Cuando Cristo crucificado y el mismísimo huevo de Pascua tomaron conciencia de que yo no podía comprender las dinámicas de la Semana Santa. Entonces hicieron que por lo menos, mi amiga Monique me regalara un conejo.
Hace tres años.
Una pintura.
Hecha por ella.
En Nueva Zelanda.
Cuando era pequeña.
Y tampoco comprendía muchas cosas.
Pero aun así, ya estaba crucificada.

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