Mentiras y más mentiras. Y un lobo.




 
Yo soy una mentirosa empedernida. Me encanta mentir. Me fascina. Me apasiona. Porque para mí mentir, no es malo. Mentir es simplemente, vivir en una realidad alternativa, diferente a la de la verdad. Y diferente no puede significar malo. Porque todos somos diferentes y entonces todos seríamos malos – respetando los silogismos aristotélicos.

Pensaba en esto porque ayer leía un libro extremadamente malo (y no por eso mentiroso), y me encontré con el poema del niño que anuncia, sólo por molestar a los del pueblo,  que viene el lobo, que viene el lobo, y el pueblo entero se moviliza. Entonces el día que viene el lobo de veras, nadie le cree y el animalito se come al niño. Yo soy también de esas que dice que se viene el lobo, que se viene, pero el lobo nunca se viene sobre mí. Lobo malo, que no le gusto para comerme…

Muchos me molesta y vienen a hacerme historias al estilo fábulas de Esopo, a ver si se me quita esta manía de “mentir”. Y me dicen que no es correcto. Y me dicen que las mentiras tienen patas cortas. Incluso hay quien me dice que como soy petite y tengo patas cortas, y la mentira tiene patas cortas, pues que me descubrirán. ¡Por mentirosa! (me lo dicen así, con ciña).  Pero nunca ocurre eso. Que me "descubran”. No ocurre porque, como siempre les digo a ellos y a ustedes, esta tarde nublada de domingo, yo no miento. Yo simplemente enriquezco, cambio y juego con la realidad. De otra manera sería muy aburrido todo. Tanto mi vida, como la de los demás. Y no digo que mis variaciones hagan las cosas más entretenidas. A lo mejor son igual de banales y monótonas, pero siempre enriquecen.

Mi otro argumento, en contra de la falacia del mentiroso, es que una mentira es una mentira cuando no la crees. ¿Pero qué pasa cuando incluso quien la dice la asimila? Eso me ocurre a mí. Yo ya no sé, en mi vida, cuáles son los elementos que la “enriquecieron” y los “reales”. En serio no lo sé, porque lo hago tanto que ya todo es parte de mí. Eso le decía al lobo de ayer, que también me llamó mentirosa porque voy por ahí diciendo que él es real. Ese, el lobo que se comió al niño y que no se vino encima de mí (qué lobo más malo, les repito). Entonces, a pesar de lo que digan todos, yo soy feliz así. O no soy feliz, también ando angustiada casi todos los días, pero esa angustia, puedo decir, que es una angustia enriquecida.

Lo malo de todo esto es que, a pesar de que yo entiendo cómo funcionan las mentiras conmigo, desgraciadamente no entiendo cómo funcionan con los demás. Y las detesto. Las detesto enormemente. Las mentiras, la falta de verdad, la incredulidad. Y cuando escucho que alguien mintió, ahí voy sobre esa persona y le digo mentiroso, y me mofo de él. Y si viene al caso, lo humillo delante de otros, para que vea lo que da estar mintiendo por ahí. Y le recomiendo fábulas y libros, donde el mentiroso acaba mal, acaba rechazado por la sociedad,  acaba siendo una burla (porque el mentiroso descubierto, es siempre objeto de burla).  ¡Escupimos tu rostro tres veces, mentiroso!

Quizás puede sonar hipócrita todo esto. O al menos eso dicen los que me conocen. Eso también me dice el lobo, o los lobos, que nunca se han venido sobre mí.

Lo único que puedo escribir a mi favor es que a mí me sale bien. Me sale bien con estrellitas y un pony rosado. Nada más. Supongo que eso suele ocurrirle a los gatos. Y a la gente que se llama Monique. Y es que no podemos vivir sin inventar historias. No podemos vivir sin gritar que viene el lobo.

En fin, gracias por leerme

 

 

 

 

 

 

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4 Responses to Mentiras y más mentiras. Y un lobo.

  1. Anónimo says:

    Me parece que decir mentiras está mal. Pero igual uno no puede dejar de hacerlo. Me encantó tu post aunque sigo pensando que estás muy desequilibrada. Tienes rasgos de esquizofrenia.

  2. Respecto al comentario anterior, si el "anónimo", el sin rostro... Debo consentir que "todos somos unos enfermos mentales"... La enfermedad enriquece y la salud empobrece, excluye situaciones, cosas y personas al alejarse de "lo normal".
    Por otro lado, Monique me alegró que te haya fascinado la lectura de Fernanda, pero en este mundo hasta la verdad es ficticia; cuantas veces nos mentimos con la verdad. En fin, se miente porque "conviene" hacerlo, al menos al mentiroso. Sin embargo moralmente nunca es bueno mentir, porque no vemos por el bien de los otros, sino sólo por el nuestro. Somos egoístas y eso es malo... Se me agotaron las ideas, abrazos.

  3. Respecto al comentario anterior, si el "anónimo", el sin rostro... Debo consentir que "todos somos unos enfermos mentales"... La enfermedad enriquece y la salud empobrece, excluye situaciones, cosas y personas al alejarse de "lo normal".
    Por otro lado, Monique me alegró que te haya fascinado la lectura de Fernanda, pero en este mundo hasta la verdad es ficticia; cuantas veces nos mentimos con la verdad. En fin, se miente porque "conviene" hacerlo, al menos al mentiroso. Sin embargo moralmente nunca es bueno mentir, porque no vemos por el bien de los otros, sino sólo por el nuestro. Somos egoístas y eso es malo... Se me agotaron las ideas, abrazos.

  4. Jajajaja, M, ahora decides reflexionar sobre como tienes tanto en comun con Baudolino?

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