Sobre caerse de una bicicleta. Sobre dos pizzas, una con queso Rocquefort. Y sobre la imaginación.




Andaba yo, hace dos días, a las tres de la madrugada, intentando montar bici. Como la imaginación y la realidad son dos hermanas siamesas, que a pesar del parecido, no son iguales, en mi imaginación montaba yo cuan caballito alado. La ligereza era aquello que me caracterizaba. La ligereza y yo. Yo y la ligereza. Mas luego vino la realidad, aquella en que olvido que una bicicleta tiene frenos y que el manubrio debe aguantarse fuerte y recto. Entonces, evadiendo un auto, terminé yo, la ligereza imaginada yo, tumbada en el suelo, muerta de risa, con el pantalón rasgado en la rodilla y ahí, en el centro del hueco, una herida. Una quemada. Profunda. Revelando un poco lo que hay bajo la piel: algo viscoso y de color verde. Lo primero que hice fue chillar. Luego gritar. Y luego volver a montar la bicicleta, para casi volver a caer dos veces. Más tarde, sentada en un sofá, me observaba la herida y la herida me observaba a mí. El color verdoso ligado con el rojo de la sangre se me simulaban las pizzas que horas antes había comido. Pizza de espinacas con Roquefort. Pizza de chistorra con queso. La chistorra y la espinaca estaban ahí, en mi herida. Y los quesos eran ese espesor viscoso. En mi imaginación, lo que ocurría era que ambas pizzas intentaban salir de mi organismo. O sea… si uno puede vomitar pizzas, si incluso a veces los pedazos salen por la nariz, ¿por qué no pueden salir por la boca los ingredientes? Yo quería apretar la herida, a ver si saltaba un pedazo de chistorra o una hojita de espinaca. Pero dolía. En LA realidad, dolía.

Hoy, la quemada ya está cicatrizando. Sale como una postilla carmelita, que sobrepasa la piel. Sé que eso es natural. Sé lo que es la cicatrización. Pero una parte de mí continúa pensando que ahí están las pizzas, tratando de salir. Mas, como nadie comprendería ese hecho, como no está acorde a cómo deben ocurrir las cosas, pues decidieron quedarse escondidas y desaparecer con el proceso digestivo.

Ese es el destino de las andadas de la imaginación.

Cerrarse.

Cicatrizar.

En fin, gracias por leerme

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3 Responses to Sobre caerse de una bicicleta. Sobre dos pizzas, una con queso Rocquefort. Y sobre la imaginación.

  1. Anónimo says:

    blog de culto. post de culto. mujer de culto.extrañamos tus textos!!!

  2. Anónimo says:

    ideas y asociaciones locas como siempre. pero fantástico leerte. los domingos son interesantes gracias a ti. Saludos desde España.

  3. Anónimo says:

    La realidad es un residuo de la imaginación o viceversa. No sé. Me encanta leerte.

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