Sobre todas las cosas que, en menos de veinticuatro horas, son Azúcar Amargo, o sobre la desesperación porque mis amigas escuchen mi reflexión



  Hoy me he detenido a escuchar una canción de esas que jamás escucharía. Y he reflexionado. Y he descubierto en esa rola, cargada de cursilería, una revelación. Una de esas que son evidentes, pero que hace falta escuchar de otro (o por lo menos me pasó así). Y he querido compartir mi revelación a mis amigos. He llamado a todos, sin importar el país, sin importar la hora, porque las reflexiones hay que compartirlas. Pero nadie me ha hecho caso. Todos se reían de mí. ¡Oh , Oh, qué triste mi vida solitaria! Y sólo porque la canción es horrible. Muy popular en los noventa, puedo decir, que Azúcar Amargo me ha hecho pensar sobre todas las cosas que en menos de veinticuatro horas cumplen ese precepto.
  De las diez de la mañana a las once y cuarenta y tres de la noche, de un sábado, enumeraré todas las cosas que han sido Azúcar Amargo.
  Azúcar amargo fue mi despertar: porque amé abrir los ojos, pero odié pensar que llevo veintisiete años abriéndolos de la misma forma porque los tengo muy chinos.
  Azúcar amargo fue hablar una hora con mi tutor de tesis: porque platicamos sobre los cambios que debía hacer a mi tesis, pero a la vez, disfrutaba enormemente escuchar cada una de las correcciones.
  Azúcar Amargo fue el cigarro que placenteramente  fumé, con el estómago totalmente vacío y mi gastritis intensa.
  Azúcar Amargo fue el café Cappuccino  que tomé, de esos de paquetitos de treinta y ocho pesos.
   Azúcar Amargo fue ver en Facebook, un recuerdo que mi sobrinita compartía: éramos nosotras dos, en un almendrón de la habana, moviendo la cabeza al ritmo de una canción horrible de reggaetón: porque sentí la contradictoria sensación ante la cercanía de la temporalidad virtual y la agonía ante la lejanía de la real.
  Azúcar Amargo fue luego hacer video llamada con ella: y la misma y contradictoria temporalidad me consumió.
  Azúcar Amargo fue casi llorar por las calorías, a la vez que devoraba un plato de pasta con tocino y crema,  un trozo de pastel azteca y un poco de cochinita pibil.

(Y todavía no llego a la una de la tarde)

  Azúcar amargo fue ir por otra cajetilla de cigarros porque ya había terminado la otra.
  Azúcar amargo fue caminar por el centro mientras llovía.
  Azúcar Amargo fue comprar muy entusiasmada, dos pulseras para mi hermana y no podérselas dar yo.
  Azúcar Amargo fue pensar en que seguramente, lo que sentía Hanna Arend por Heidegger, era Azúcar Amargo.
  Azúcar amargo fue llegar a casa y ver que la gotera insoportable de la ducha estaba ahí presente: porque significaba que había agua.
   Azúcar amargo fue escuchar música y bailar sola, sabiendo que tenía que terminar un ensayo.
  Azúcar Amargo fue disfrutar escribir el ensayo y analizar hermenéuticamente esta canción, cuando sé que lo más probable es que deba quitarlo si quiero obtener la máxima calificación.
  Azúcar Amargo fue saber que mi amiga, en Canadá, por ir a una feria de tulipanes, se requemó el brazo (también azúcar amargo para ella)
 Azúcar amargo fue ponerme una mascarilla de bicarbonato en el rostro y sentir que se me quemaba un poco la cara.
   Azúcar y amargo fue compartir con mis conocidos, esta canción reveladora, y que todos se rieran.
   Azúcar Amargo fue lo que le ocurrió a mi amiga colombiana, que escuchando la canción, lloraba… de risa.
  Azúcar amargo es saber que esto sólo lo entiendo yo, porque soy un gato y me llamo Monique, pero aun así lo publicaré.
  Azúcar Amargo fue poner tres canciones y volver a repetir Azúcar Amargo y luego tres canciones más y así hasta el cansancio.
  Azúcar Amargo fue saber que debo tener a los vecinos locos repitiendo la canción, y que por eso pongo tres rolas de por medio, para que no quede tan loca yo.
  Azúcar Amargo fue escuchar que la chica de Azúcar Amargo, canta que se deshará, que por dentro se deshará, de dolor pero no dará, por pararle ni un solo paso.
  Azúcar Amargo fue sentir que arde la panza, por esa, la gastritis intensa y aun así, fumar el último cigarro de mi cajetilla.
  Y esto, hasta las once y cuarenta y dos.
  ¡OHHH, OHHHH! ¡Pura filosofía! ¡Pura filosofía! Todo es azúcar Amargo. Pero aun así, siempre tenemos la responsabilidad, o al menos, la posibilidad, de tomar una postura dentro de la contradicción
  Esta canción, definitivamente, la escribió Blaise Pascal. O Simone Weil. O Blaise Pascal. O ambos, en esos rejuegos de la temporalidad. Estoy segurísima.

  En fin, gracias por leerme.


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7 Responses to Sobre todas las cosas que, en menos de veinticuatro horas, son Azúcar Amargo, o sobre la desesperación porque mis amigas escuchen mi reflexión

  1. Anónimo says:

    Mi gastritis por el cigarro. Igual Azúcar Amargo.

  2. Anónimo says:

    Cuando comes lechuga pero las crias y las quieres. Azúcar Amargo. ¡Me encantas!

  3. Anónimo says:

    Azúcar Amargo lo que siento cuando te leo. Saludos.

  4. Anónimo says:

    Pascal con azúcar amargo. Eso es Azúcar Amargo! Divertidísimo. Muy buena idea.

  5. Anónimo says:

    Los domingos, precisamente. Azúcar Amargo.

  6. Anónimo says:

    Tengo una amiga que dice que vuestros post son insoportablemente absurdos y sin sentido. Pero no deja de leer ninguno. Azúcar Amargo.

  7. El diario de Azarie me ha hecho descubrir tu blog. Hoy lo visitó por primera ver y me ha gustado lo que compartes en tu bitácora. Volveré para seguir leyéndolo.
    Me gustaría invitarte a dar un paseo por El zoco del escriba y que charlemos allí de lo que prefieras mientras tomamos un té con hierbabuena
    Que tengas un feliz día.
    Alberto Mrteh (El zoco del escriba)

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