Gracias a Stromae, supe que Twitter estaba ahí



Gracias a Stromae, supe que Twitter estaba ahí 



Abrí el ojo izquierdo y luego el derecho.
Miré por la ventana. El cielo azul. El pajarillo de las mañanas hacía el pirripipi habitual. Entonces tomé el teléfono. Lo saludé ¡¡Buenos días, teléfono!! Y me tomé una foto. Y me tomé otra. Y otra. Y fui al programa de edición. Y las edité. Y formé un collage - lindísimo mi collage -. Y pasé directo a abrir Instagram. Entonces no abrió.

Prends garde  toi…

Me inquieté. Pero no pensé que nada malo ocurriese. Simplemente asumí que mi falta de destreza con la tecnología, había provocado que apretara algo y que lo hubiese desconfigurado. Entonces decidí  preguntar a mi amiga, en Barcelona, la que entiende de esas cosas y se ocupa del blog. Me levanto de la cama. Voy hacia el ordenador. Lo  enciendo. Ya está encendido. Completamente encendido. Click en el ícono de Skype. Llamar a mi amiga. Entonces no marcó.

Prends garde  toi…

Me inquieté más. Traté de llamar a otras personas. Pero nada. Me levanté de la silla. Fui, otra vez, hacia la cama. Tomé el móvil. Abrí WhatsApp. Redacté un mensaje para mi hermana, en Chile, a ver si podía ayudarme. Y tampoco funcionó.

Prends garde toi…

Corrí las cortinas por completo y confirmé que el  cielo continuaba azul. Me tomé otra foto. Sonreí forzosamente. Quería que todos me vieran con ese lindo azul, azul, cielo azul.  Y abrí Facebook. Allí colgaría la foto. Allí contactaría a mi amiga y a mi hermana y los amigos de mi amiga y a los amigos de mi hermana. Y ya, todo estaría resuelto. Pero Facebook tampoco abrió.

Prends garde toi…

Comencé a tener problemas para respirar. Y la falta de oxígeno se hizo peor, cuando quise abrir Twitter para escribir algo. Pedir ayuda a mis amigos. A mis quinientos veintisiete amigos – sé que son pocos, poquísimos, pero ya tendré más, muchos más, ¡lo juro! – Pero no pude. Ni siquiera cargó la página.

Prends garde toi…

Me levanté una vez más. Caminé por toda la habitación. Prendí un cigarro. Fumé. Prendí otro. Intenté con gmail. ¡Claro, un correo electrónico! Podría escribir a mi amiga en Barcelona, a mi hermana, a mi esposo, a la Universidad. Y si nadie respondía, podría escribir a mi madre, en Cuba, para que ella llamara a mi hermana mayor y luego mi hermana mayor llamara rápidamente a mi otra hermana y le dijera que tenía problemas de comunicación con ellas y que entonces mi hermana le explicara a mi otra hermana que luego le explicara a mi madre y que mi madre me explicara  a mí por e-mail, cómo solucionar mi problema. Ya. Todo rápido y solucionado. Pero tampoco pude abrir mi correo electrónico.

Prends garde toi….

Entonces pensé en el blog, en mi pequeño e insipiente blog, pero igual, quién sabe, alguien lo leía y podía contactarme, o contactar a mi hermana, o a mi otra hermana, o  a mi amiga en Barcelona, o a mi madre… no sé… algo…  Fui a Google. Click en El gato de Monique. Nueva entrada. Texto: AYUDA, NECESITO AYUDA. Y el ordenador se apagó.

Prends garde toi…

Busqué el cargador. No funcionaba. Tomé mi teléfono. Intenté ir a Google nuevamente. Pero ahora no tenía ni Internet. El cielo se partió en dos. Y empezó a ser gris y gris y gris. Y la humedad aumentó. Y la temperatura bajó.  Mucho. No pude respirar. Estaba sola. Solísima. Podía escuchar la risa de las chicas conversado en el salón de la casa. Podía escuchar el ruido de la mezcladora. Podía oler el café. Pero, ¿de qué servía que estuvieran? Estaba sola. Y nadie podía ayudarme. Sola, solísima. Sin oxígeno, con humedad y un frío que me calcinaba. Entonces comencé a perderme. Lentamente fui dejando de verlo todo. Caí al suelo. Quería gritar pero, ¿para qué? Nadie podría ayudarme. Las personas en el salón no podrían hacer nada pues, aunque quisieran, yo iba a continuar sola, solísima, en este mundo hostil. Y empecé a morir. A dejar de existir. Lentamente. Sola. El fin. Mi fin.
Entonces sentí allá, a lo lejos, un área de la ópera “Carmen”. Apenas podía escuchar la música, pero algo había…
Y desperté. ¡Era una tonta pesadilla! ¡Qué susto!

Prends garde  toi…

Y vi que el cielo continuaba azul. Me levanté. Fui directo al salón y comprobé que las chicas no estaban. Que como siempre, cada una andaba en su habitación, frente al ordenador, sin hacer nada más. ¡Dios, qué alivio; todo continuaba como siempre, perfecto! Me serví un tazón de café. Me tomé una foto con el cielo azul, azul cielo azul. Y abrí Instagram. Y abrió. Y luego abrí Skype. Y abrió. Y WhatsApp, y  Viber, y  Twitter, y  gmail y el blog, mi querido blog. Y, entre el café, el cielo azul y todas estas páginas, encontré el video del belga Stromae: “Carmen”, y a él montado sobre el pajarillo azul de Twitter. Y me tranquilicé al ver que yo también ya estaba encima de ese pajarillo. Y que estaba muy feliz de estar encima, y de que me aplastara, y de que me tragara completa y de que me absorbiera, por siempre y para siempre, hasta que la muerte nos separe. Porque es preferible volar sobre un pajarillo azul, que estar en un lugar donde lo único que te acompaña es uno que trina y trina y trina estúpidamente. Pero nada más. Eso a nadie le importa. Ya nadie existe donde los pájaros se escuchan.
¿O sí?

En fin, gracias por leerme.

 Y aquí les dejo el video de Stromae, el que me hizo “tan” feliz:


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2 Responses to Gracias a Stromae, supe que Twitter estaba ahí

  1. Anónimo says:

    muy ironico, excelente .... felicidades.

  2. Anónimo says:

    Es este el futuro de alguien consumido por las redes sociales?

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